
7/09/2021
Santiago Andrés Correa
Los Olímpicos acechaban, sin temor a que el covid les hiciera frente
Anónimo y entusiasmado me instalé en Tokio;
Ansioso por los Olímpicos, loco por el deporte
Suelo disfrutar cada prueba como un niño por primera vez en el zoológico.
No apoyo ningún país, soy hincha del arte
El espectáculo, para mí, por encima del fanatismo;
Grito cualquier escena digna de un estandarte
Desde un remate de vóley hasta las medallas del ciclismo.
Sin embargo, el talento del presente certamen nunca lo había visto
En especial de un país cuyo nombre ha sonado en todo oído;
Encantado estaba con Colombia y su talento femenino
No hablo de belleza, habló de su nivel distinguido.
Me convertí en fan número 1 de la juventud
Camila Osorio, la promesa de Wimbledon;19 años y una volea repleta de actitud
Hacen de su futuro algo prometedor.
Me impacté con la precisión, a pesar del viento,
Que impone Valentina Acosta y su ceño fruncido;
Un par de segundos y flecha a todo el medio
Como si la diana fuera su peor enemigo.
Me entusiasmé, como cada olimpiada, con la reina colombiana
Mariana Pajón, la medalla fija, algunos llaman;
Capaz de ir última y realizar una gloriosa remontada
Siempre parece que al podio estuviera destinada.
Mi punto es que esta banda femenina derrochaba calidad
Era imposible que en Colombia no las destacarán;
Me lo tomé personal, emprendí la búsqueda
¿No encontraré ninguna nota hablando de sus figuras?
El deporte allí está en segundo plano
La belleza es el elogio de los tarados;
No tienen idea de cómo funciona el tiro con arco
Pero saben como endiosar los ojos azulados.
Lamento el criterio de los cafeteros
Opinan sobre el rostro, de lado queda el talento;
Ojalá entiendan, en lo oscuro de sus aposentos
El oro de las féminas, más allá de su cuerpo.